Lectura para el fin de semana

Cada vez me caen mejor estos de MineQuest y llevo un tiempo siguiendo el blog de Adventures in Consulting. Me voy a dar de comer a mi león.

12 de marzo de 2010 · rvaquerizo

Comparativa de Precio: WPS vs. SAS

Tenía pendiente comparar el precio entre SAS y WPS. La consultora MineQuest ya lo ha hecho por mí. Y ha dejado el resultado plasmado en este documento. En fin, cada cual que saque sus propias conclusiones. Con lo que se puede ahorrar en licencias se puede llamar a Datanalytics (por ejemplo): implantaría la herramienta y podría hacer una auditoría y optimización de los procesos empleados, eso sí, si Carlos no está en Sebastopol o más lejos. ...

26 de febrero de 2010 · rvaquerizo

¿Qué compañía está entre las 12 ‘Companies to Watch’ in 2010?

Interesante dato de Intelligent Enterprise. http://intelligent-enterprise.informationweek.com/channels/business_intelligence/showArticle.jhtml;jsessionid=CPH2HNI3ADRRVQE1GHPSKHWATMY32JVN?articleID=222900034&pgno=3 La lástima es que el BI está moribundo. En 2012 será un concepto obsoleto. Por cierto, R-Project tiene que plantearse esa web de una vez por todas.

18 de febrero de 2010 · rvaquerizo

Sigo migrando de SAS a WPS

Sigo con una hipotética migración de SAS a WPS. Fundamental: ¿qué sucede cuando leo tablas SAS? ¿Puedo leerlas? Al fin y al cabo, son propietarias. Pues ningún problema: podemos leer perfectamente tablas SAS. Si trabajamos en una librería con tablas SAS, los ficheros generados serán .sas7bdat; sin embargo, si trabajamos en una librería sin tablas SAS, los archivos generados serán .wpd. Esto nos facilita trabajar conjuntamente con WPS y SAS, y facilita una hipotética migración de aplicaciones. Curiosamente, una tabla .wpd es ligeramente más pequeña. Por supuesto, COMPRESS=YES no es problema y WPS nos permite comprimir tablas. ...

20 de enero de 2010 · rvaquerizo

Acercamiento a WPS. Migrando desde SAS

Poco a poco comienzo a trabajar con el clónico de SAS, WPS. Estoy trabajando con la versión 2.3.5. De momento las impresiones no pueden ser mejores. La interfaz me recuerda a Enterprise Guide: trabajamos con proyectos que pueden estar compuestos de scripts (códigos de SAS) o ficheros. En cuanto a la interfaz, tenemos un navegador de proyectos para explorar los elementos que añadimos. Acompaña a este explorador una ventana de propiedades del proyecto. En la parte central podemos ver los scripts o los ficheros que añadimos. Me ha gustado el poder vincular los ficheros añadidos al proyecto a la aplicación del sistema asociada al fichero; me explico: si añades una hoja de cálculo, esta se abre en el proyecto de WPS con el programa asociado a ella. Otra de las ventanas está organizada en pestañas: una de ellas dispone del log y los resultados, otra un «server explorer» similar al explorador de SAS Base y una pestaña de progreso. Por último, disponemos de otro navegador de procedimientos, resultados o log de ejecuciones al que particularmente no le encuentro mucho interés. ...

17 de enero de 2010 · rvaquerizo

En breve. Revisión de WPS clónico de SAS

Hace tiempo que Carlos nos descubrió WPS en el blog. Teníamos pendiente hacer una revisión de uno de los productos que puede optimizar los costes en software. Gracias a la gente de WPS me he puesto a trabajar en ello: En breve comenzará la revisión de WPS y (si es posible) una comparativa con SAS.

11 de enero de 2010 · rvaquerizo

Una fabulilla (sobre PRIM) con múltiples moralejas

—Érase una vez un banco… —¿Me cuenta usted un cuento? —Mismamente, señora. —¿Quiérese, pues, decir que cuanto usted relate es pura ficción, no pareciéndose ni las personas (físicas o jurídicas) ni los lances de su aún inaudita historia a personas (físicas o jurídicas, respectivamente) y lances reales, casualidades éstas que pudieran \derivar, según la naturaleza de su exposición, en responsabilidades legales, políticas o de otra imprevisible índole y gravedad? —Considere para la totalidad de los efectos mi respuesta afirmativa a su más que retórica pregunta, un, como gusta decir a los eruditos en la materia, solemnísimo disclaimer. —Prosiga entonces, que lo escucho con asombrado interés. —Con su venia, señora. Érase pues un banco… —¿Banco, caja de ahorros o sucursal de una entidad de crédito foránea? —No entre en distingos, señora, que me echa a perder el disclaimer. Digamos que banco y sigamos adelante. —Ea pues… y disculpe. —Tal banco (aunque, para el caso, bien pudiera haber sido una caja de ahorros o, como bien puntualizaba, la sucursal de una entidad de crédito extranjera) tenía clientes que usaban tarjetas de crédito y débito para sus habituales fines. Cada que la usaban para \comprar en un comercio o similar, la tal entidad se quedaba un cacho. Pero cuando sacaban con ella dinero de un cajero, la entidad debía abonar un pico. —¿And no cobraban las tan habituales comisiones? —No, dado que sus fines eran benéficos para con sus depositantes. —Permítame, si no le importa, anotar en mi PDA (o papel de apuntar) esto que me participa como ejemplo sin parangón de oxímoron. —Tómese su tiempo y guárdelo en el sostén, que ahí quedará calentito, al socaire de las inclemencias del invierno mesetario y no se le traspapelará. —Mullidamente archivado queda. Prosiga. —Pues la tal benéfica institución financiera (me complazco, como ve, en reiterar la tan atinadamente identificada figura literaria) no sólo quería ganarse el cielo al que aspiran, cuando fenecen, las personas jurídicas sino que, además, no siendo tonta, quería \retrasar el tránsito hasta el ulterioriorísimo de los anaqueles. —Para lo que, sospecho, hay que facturar pasta gansa. —No se le escapa una, señora. Efectivamente, a facturar y no ser facturada aspiraba. —Como las no tan benéficas, ¿verdad? —Como tales, mas con una no pequeña salvedad. En lugar de azuzar (incentivar, dicen ahora los pedagogos de nueva generación) a sus clientes mediante la introducción de siempre jugosas comisiones para que desdeñasen los cajeros, quisieron proceder de otra manera. —Me intriga usted. Soy toda orejas. ¿Qué novedoso plan urdieron? —Pues plantearon el cultivar de alguna manera esas inercias a las que tan dados somos los homínidos superiores cuando menos gala hacemos de nuestro manido epíteto de racionales. No sé si me explico o si, por lo contrario, he dejado los conceptos como colgando y \revoloteando en el sutil aire. —Muy bien no se explica, pero le adivino la intención: zanahoria y no palo. ¿Es así? —Equilicuá. —Y eso, ¿cómo se hace? —Hay maneras. —¿Cuáles? —Ahí llegaremos. Lo relevante del punto es que no las conocían. —¿Entonces? —Llamaron por teléfono. —Ay, Dios mío, esto se acelera: abandonamos el planteamiento, nos adentramos precipitadamente en el nudo y preveo un galopante desenlace no apto para cardíacos y epilépticos (tales como mi difunto). —Tranquilícese, señora, que no le va en ello el pan y hágase cargo que me escucha por falta de otro más simpático entretenimiento. —¿A quién llamaron? ¡Dígame sin asomo de demora! —A unos señores que entraron en el mundo de la consultoría como el uno y el dos en el país de los ceros. —¿Para medrar y hacer dinero? —Bien conoce usted el fabulario español. —Aquí donde me ve, cursé bachillerato con aplicación y provecho. —Eso la honra: quedan ya pocas como usted. —Y, dígame, ¿se parecían más al uno o al dos? —En su estilo y, salvando las distancias, eran pura raíz de cuatro. —Me hago cargo. ¿Y qué hicieron? —No se lo puedo contar. —¿Me va a dejar así, toda ganosa? —Si me deja sobarle la PDA, puede. —¿En la Renfe y cabe impúberes? No hay trato. —¿Ve? —¿Entonces? —Le hablaré de PRIM. —¿El de Reus? —No, ése es Prim. Fíjese que yo he usado mayúsculas por doquier. —Ya decía yo. Ya nadie se acuerda del general. —Es que metió a los borbones en el tren de Irún. —¡Falta aún hacen gentes de su temple y calibre! —¿Sabe, ya que lo menciona, que tiene calle en el DF? —¿Donde las putillas? —¿Putillas? Verdaderos putones verbeneros. Pero, eso sí, aseadas: se asperjan el chumino con ladillol. Y algo de inglés hablan. —Es de ley, teniendo la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica a tiro de piedra. —¿Conoce usted? Me sorprende. —¡Mundo tuve! Atropellaron tanto gringo rijoso cruzando Reforma que tuvieron que poner un semáforo. —Nos aleja tanto circunloquio del meollo de nuestra conversa. Déjeme hablarle de PRIM con mayúsculas por doquier, que del otro ya se ocuparon a trabucazos y no hay remedio. —Siga pues. ¿Quién es ese otro PRIM? —No es un quién sino un cómo. PRIM quiere decir Patient Rule Induction Method… —Madre mía, ¡en inglés y tó! —Es que nació a medio camino de Stanford, que fue México y ahora no, y Australia. Y algún nombre había que ponerle. —¿And cuál es su naturaleza o condición? —Pues verá: se trata de un algoritmo (palabra de origen árabe, para que luego digan y maldigan) de minería de datos que permite encontrar zonas del espacio muestral donde una variable objetivo tiene un \comportamiento singular y sobresaliente respecto a la media. —Su cuento está cada vez menos claro y tendrá que dignarse a ofrecerme un ejemplo meridiano. —Para eso comencé mi historia hablándole de bancos y tarjetas. Digamos que tal banco tiene $x$ clientes y asociadas a cada uno de ellos, tropecientasmil variables (edad, ingresos anuales, dirección, cuotas satisfechas a la Real Asociación Colombófila de la Alpujarra, \etc.). Por otro lado, una variable que mide en qué grado usa, por decir algo, su tarjeta de crédito… —Lo sigo con más interés que aprovechamiento y más perplejidad que ninguna de las anteriores… —Pues verá, mete todas esas variables a un ordenador, así, tal cual, sin mayores contemplaciones, pulsa el pley, se toma unas cañas, regresa… ¿y qué se encuentra? —¡Ay, qué emoción…! ¿Qué? Dígamelo, que me reconcome la intriga… —Pues se encuentra unos hiperrectangulillos. —¡Nunca lo hubiese imaginado! ¿De qué pasta y hechura son los tales? —No tienen pasta ni hechura: los hiperrectangulillos son, hablando de manera más vecina al común entender, grupos de clientes que, por una parte, son similares respecto a ciertas variables descriptivas y, por la otra, tienen un comportamiento homogéneo en cuanto a la \medida objetivo, siendo ésta, a su vez, muy distinta de la media. —Sigo sin verlo claro. —A ver, imagine que la tal variable objetivo es el ratio o cociente entre el dinero que sacan los clientes de los cajeros y la suma de sus compras con tarjeta… —Eh… —Es decir, pintamos una rayica (que significa dividir), ponemos arriba la plata del cajero y abajo lo que paga con la tarjetica. Y nos fijamos en si pesa más lo de arriba que lo de abajo. —Claro, ahora me apercibo: lo de arriba son liabilitis y lo de abajo, asets… —¡Me sorprende usted! Gasta un spanglish tan cacofónico como impreciso. ¡Y sin saber de lo que habla, como si fuese toda una consultora yunior con ambiciones! —Desespabilada que es una. Y sin hacer la mili, ¡fíjese! —No es enteramente así, pero como si lo fuese. En resumen, si el cocientico es alto, el cliente es un pesado que le hace agujeros al banco (o caja de ahorros…). Si es bajo, lo contrario; y al cliente habría que darle besos en la frente. —Cargo me hago. —Entonces, un hiperrectangulillo contiene, pongamos por caso, a clientes de lo que otrora fue el Reino de Aragón, que ganan menos de 100.000 pesetillas al mes, que viven en casa alquilada y no tienen churrumbeles. Y resulta que éstos son, de entre los pesados, los \que más. —¡Menuda cuadrilla! Seguro que Botín los ponía tiesos a comisiones. —Puf, ése (note que acentúo según la gramática vieja) les mandaba los sicilianos a casa… —Bueno, ¿y qué hace un banco (o caja…) benéfico con tal hiperrectangulillo? —Vaya por orden y no queme etapas en falso, que el diablo se nutre de ambigüedades: los consultores dan al pley, sacan los rectangulillos, los imprimen en cuartillas, clavan éstas con chinchetas en una corchera y luego, en petit comité, junto con los resabidillos \del banco acuerdan qué hacer con los sujetos que contiene cada uno. —¡A los mañicos de su ejemplo les podían rifar unos botes de “malocotón” en almíbar si usaban menos el cajero! —Ahí tiene usted toda la razón del mundo y me quita las palabras de la boca y las ideas de las intrincadas convoluciones frontales de mi cerebro. Pero bueno, tampoco me enfado con usted porque con lo que iba a ilustrarla es todo viejo y reconocido de casi todos: \conoce, primero, a tus clientes (y ayúdate de PRIM para tal fin) y, después, mira a ver qué haces con ellos (la rifa de los que usted llama malocotones es una estupenda idea propia de un avezado mercadólogo). —¿No me diga que en la tal entidad bancaria (o…) no procedieron de tal guisa? —Podría decirle si no fuese porque Cide Hamete Benengeli, de cuyos desorganizados papeles aprendí el cuentecillo que le relato, llegado al punto que contestaba su pregunta, derramó café \sobre el legajo y se corrió la tinta. Es como si yo le contestase con la boca llena de polvorones: oiría ruido, se le llenaría el escote de migas, pero no se enteraría de nada. Además, gana usted con eso que, de confesarle la verdad, luego habría de matarla para que no divulgase el secreto. —Mejor, pues, permanecer sumida en la contumaz ignorancia. Pero, dígame, eso de PRIM, siendo cosa tan fina, ¿cómo es que no se conoce más y mejor y se aplica con más diligencia y oportunidad? ¿Es acaso una de esas teorías…? —¿Teoría? Es teoría y praxis, señora. Una praxis la mar de práctica. Tanto que puede descargársela a su computadora sin aflojar un ochavo. —Y usarse, ¿se usa? —¡Y tanto! Allá en París… —¡Tierra de masones! No me vale ejemplo alguno allende los Pirineos. ¡En París! Lo que no es tradición… —Pues sí, señora, sí, en París hay una empresa que gana dinero a espuertas con una variante de PRIM. —Y usted que parece tan gabachuzo, ¿por qué no se va con viento fresco a trabajar con ellos? —No me tiente, señora, no me tiente ni me salga con carpetovenicidades extemporáneas, que me lío la manta a la cabeza… ¡No estoy de humor! —Tampoco se me ponga así… Disculpe, pero es que cuando me acuerdo de lo que les hicieron a Daoiz y Velarde me hierve la sangre… ¡Y eso que han pasado ya 201 años y pico de aquello! —Dispensada… y, ¿por dónde íbamos? —No me acuerdo, pero déjeme que le haga una pregunta: si la cosa es tan buena, ¿por qué no se la conoce más? —Por lo de siempre: la idea está encriptada. —¿Encriptada? —Sí, en párrafos llenos de texto y en inglés. —¿Sólo se encuentra en ese enlace? —¡Qué va! De hecho, la idea aparece explicada de manera sustancialmente más accesible en la biblia de la minería de datos. Pero igualmente encriptada por el mismo y arcano \procedimiento. —¿Llama usted encriptar a escribir de manera ordenada y lógica? —¿Con letras? Sí. La gente ya ha perdido la capacidad de leer texto y le abruma el negro sobre el blanco. Si quiere que algo no se sepa, escríbalo con buena sintaxis, cuidada ortografía y lógicamente riguroso discurso. —Usted, tan avanzado en unas cosas, parece un carca en otras. —¡Qué va! El lenguaje escrito es cada día más ideográfico. Volvemos a los alfabetos egipcio y chino (pero con colorines). ¿No se da cuenta? —No me había apercibido, pero si usted lo cree así… ¡será! —Y eso que el nuestro fue ideográfico en sus orígenes, ¿sabía? El progreso mal entendido cela corrientes regresivas… —¡Ni que siguiese usted a Donoso Cortés en Twitter! —¿Sabía usted que la letra “A” representaba una vaca? —No tenía conocimiento. —¿Se lo demuestro? —Venga, ¿cómo? —Haga el pino y yo profiero la A mayúscula. —¿A la de tres? —A la de tres: uno…, dos…, ¡tres! AAAAAAAAA —Ya. —¿La ha oído boca abajo? —Talmente. Igualica que una res. ¡Alberga usted saberes güikipédicos! —Y usted tiene las enaguas hechas un zarrio. —Es la crisis. Y usted, poco caballero, por mirar. —Pues sepa usted que cada civilización giró la susodicha letra noventa grados hasta que la dejó boca abajo, como colgada de una viga. —Esta digresión erudita nos aleja del meollo de su fabulita, ¿sabe? —Convengo, pero en su esencia, moralejas y todo, la doy por finiquitada. ¿Cree que le aportará provecho? —No lo descarto, aunque su natural campo de aplicación resulta, cuando más, tangencial a mis domésticos y consuetudinarios quehaceres. —Ya siento haberle dado la chapa, pero, o participaba mi fabulilla o ésta me reconcomía por los adentros. —No se me ponga así. ¿Quiere medio clines? —No es para tanto; además, he de apearme: veo acercarse un revisor. —¿Viaja sin billete? —Es norma de la empresa: por recortar gastos, no paga el kilometraje. —Entiendo. —Tenga usted buen día. —Igualmente, fue un placer. \

12 de diciembre de 2009 · cgbellosta

AyD: 2.300 visitas mensuales

Google Analytics dice esto: Me impresionan estos datos. Creo que el blog funciona y sobre todo interesa. Tiene un alto % de visitas que repiten y sobre todo que visitan el blog al menos una vez a la semana. Pero empecemos por analizar las dimensiones habituales. Por países estoy preocupado porque las visitas de México no aumentan. Pero en contraposición aparece Chile como el país con más interés por el blog; sus visitas suponen un $7%$ del total y permanecen casi 3 minutos en la web. Curiosamente las visitas son búsquedas relacionadas con R. Si alguien en Chile está dispuesto a hacerme una oferta de empleo… Evidentemente el país del que más visitas recibo es España, el $53%$, y la culpa la tiene SAS. ...

8 de noviembre de 2009 · rvaquerizo

REvolution Computing ficha al fundador de SPSS

Noticia de REvolution Computing: Norman H. Nie, fundador de SPSS, ha fichado por la empresa REvolution Computing, que ofrece soluciones de análisis basadas en R. Es evidente que Nie se había quedado sin trabajo y que este reto le gusta, y mucho; imagino que motivado por la vinculación de REvolution al mundo universitario. Estaremos atentos a los nuevos movimientos de REvolution.

24 de octubre de 2009 · rvaquerizo

SAS no se vende

Entrevista a Goodnight en Bloomberg Viene a decir que no quiere escuchar ofertas porque SAS no está en venta. Me imagino que en realidad las ofertas no serán muy atractivas, pero al final vendrá SAP y… Si no, cómo va a luchar contra IBM y SPSS.

7 de septiembre de 2009 · rvaquerizo